Un futuro distópico se gesta en el “multiverso Soberón”
Luis Schlossberg
El escritor tucumano Fabián Soberón presentó su nuevo libro “Futuro Berg” y dialogó con Casa Tomada sobre su afinidad a la ciencia ficción, el cine y el juego a la hora de narrar
“Narrar es arpegiar un tono, dejando resonar algunos acordes huidizos del pasado cuya melodía, al modo de un leitmotiv, habita las escenas porvenir. Soberon fija sus historias en el futuro, sabe ver en estos tiempos aciagos y es capaz de narrar sobre la oscuridad del presente. Conocemos varias historias sobre el poder de la ilusión del arte, el bramido de las historias que cuenta Soberón permite vislumbrar una utopía posible sobre el efecto de la ficción en lo real”, dice Edgardo H. Berg en el prólogo de “Futuro Berg”, nuevo libro del tucumano, y amigo de la Casa, Fabián Soberón. Libro, por cierto, del que es protagonista, y que se presenta como segundo tomo de la trilogía que comenzó justamente con “Edgardo H. Berg”. Un relato, dentro de otro, dentro de otro… como un juego de mamushkas que convocan a lectores despiertos, para seguir atentos el escenario, en esta oportunidad, de un mundo distópico, paseando desde la ciencia ficción al revisionismo histórico, del humor ácido a la crítica social.
En diálogo con Casa Tomada, Soberón compartió la experiencia de este nuevo libro, un libro de cuentos que fácilmente puede ser leído como una novela, o como parte de un “multiverso Soberón” que se entrelaza con otros textos como los de “Naranjo esquina” o la novela “2084”. En altillo de su hogar en Yerba Buena, algo así como un refugio literario al que se accede por una escalera circular, nos recibió para hablar de su libro, pero, como siempre, resulta inevitable viajar por varios temas como la política, el cine y la historia, muy presentes en cada uno de sus trabajos.
“Tuve una etapa en mi primera juventud, entre los 18 y los 25, en los que era un lector adicto a la literatura fantástica y de manera incipiente de la ciencia ficción. Como le pasa a todos los escritores, creo yo, luego me fui alejando del fantástico”, nos comenta Soberón, y agrega: “Era muy lector de Borges y del policial, además de que estudiaba filosofía en esos años, por lo que combinaba lo vinculado a la teoría y la literatura de ideas, porque la literatura fantástica y la de ciencia ficción, trabajan sobre algunas teorías de ideas. En algunos más visible o explícito, y en otros no”. Señala que sus escritos luego mutaron, hacia dos trabajos de crónicas, como lo “Cosmópolis” y “Ciudades escritas”, con lo que se acercó a la literatura de no ficción, “por lo que me alejé un poco del fantástico, de todas formas, uno tiene una especie de pulsión para escribir ciertas cosas”, confiesa.
En esta línea, el escritor indica que “siempre me interesaron los géneros, aún cuando eso está asociado a lo comercial o a lo industrial, con el cine me pasa lo mismo. Yo no hago distinciones respecto al valor, no digo que si es de género es menor o un producto secundario. Andréi Tarkovski hizo una película como ‘Stalker’ en la que aparece la dimensión fantástica o la de ciencia ficción, y es un director de culto. Hay muchos directores en Hollywood y en Europa que tienen estas características. Siempre me interesó el diálogo de los géneros, pero busqué apropiarme de ciertas marcas de los géneros, como en la ciencia ficción o el policial, que me interesan mucho, para incorporarlos a mis producciones”.
Ya salió el segundo libro de la trilogía
– Si bien “Futuro Berg” tiene mucho de ciencia ficción, no me arriesgaría a decir que es un libro puramente de ciencia ficción, ¿fue concebido en ésa línea?
– A los cuentos los pensaría como ensayos, o intervenciones ficcionales, a partir del diálogo con los géneros. Eso a algunos lectores les parece algo que no llega a convertirse en un texto de ciencia ficción propiamente dicho. Lo fascinante de las artes es que otros lectores ingresan por esas puertas de la marca del género y lo reconocen. Más allá de lo que indique el escritor, creo que es relevante lo que ven los lectores. Como pasó con “Todo es ahora” (su libro anterior). Ahí trabajé con marcas del policial, claramente porque eran femicidios, hubo lectores que dijeron que era policial negro sobre crímenes de mujeres, y otros que dijeron que no tenía nada que ver con el policial. Es algo que a mí me encantó, que pueda ser leído desde distintos lugares. Con “Naranjo esquina” me pasó igual, algunos decían que era una novela propiamente dicha, con un final trunco porque no se resuelve, y otros dijeron que eran cuentos conectados.
– En “Futuro Berg” se ven cosas similares, en este sentido, a “Naranjo esquina”, considerando que está escrita en un formato que permite una lectura fragmentada o lineal como una novela, pensando en el desarrollo de un personaje y sus cercanos.
– Sí, son cuestiones que tienen que ver con la dimensión lúdica de la literatura, la posibilidad de presentar un personaje que evoca a alguien que le dijo algo, y a su vez ése evoca a otro, se produce entonces una trama que podría ser considerada una hiperficción, con muchas ficciones superpuestas, que se construye como una máscara. En “Naranjo esquina” incluso hay un cuento en el que se refiere a Edgardo H. Berg, hay una puerta de conexión entre un universo ficcional y otro. Es una idea que está en Faulkner, y que después se presenta en algunos latinoamericanos como Onetti, con su Santa María, que lo trabajaron. Pero antes de eso, está en Platón, quien en varios de sus escritos comienza con el diálogo de personajes donde uno le cuenta a otro lo que habló con un tercero. Sin ir más lejos, el “Fedón”, que es un diálogo entre Equécrates y Fedón, cuentan lo que dijo Sócrates al final de su vida, y a su vez cita lo que dijo Sócrates que le comentó otra persona. La estructura de cajas chinas está en los orígenes de la literatura, es el conjunto de historias que se entrelazan, que forman varias tramas, y a mi eso me interesa mucho.
– Por otra parte, en el libro se hace un juego crítico de la historia, con una suerte de revisionismo, o en realidad una reversión de hechos históricos con la ficción. ¿Lo sentís como un juego para escribir?
– Es uno de los motores de mi escritura. Busco producir un umbral donde se entrelaza lo que denominamos “realidad” y los relatos ficcionales. Hay una cuestión que teorizó Piglia que es la de los relatos sociales, lo que entendemos como historia está constituido de relatos, de versiones de sucesos que ocurrieron y hay un relato colectivo. Allí hay un individuo o varios, que dan testimonio con cartas o escritos, que en realidad se refieren a hechos sociales. Sobre estos relatos que toman como sujeto a la sociedad, hay distintas versiones, más allá que uno comparta o no la perspectiva. A mí me interesa trabajar sobre eso, porque es una matriz que me permite re escribir desde otra mirada lo que ya está asentado o pensado, o que ya está sabido. Si se piensa en sucesos complejos que trajeron heridas, trae más problemas para pensar.
Soberón junto a Piglia
– Algo que también se ve en escritos de Borges, con ficción presentada como si fuera real.
– Claro, si bien Borges desarrolla este recurso de manera sensacional, él toma la idea de un autor francés, Marcel Schwob, que tiene un libro “Vidas imaginarias”, algo que Borges confiesa en “Historia universal de la infamia”, como que quiso hacer lo que este autor. La idea es estudiar el pasado y buscar los pozos negros, es decir, esos momentos sobre los que no tenemos información. Borges universaliza ese recurso, incluso con el mismo método, y yo lo he implementado en varios libros.
– ¿Cómo se relacionan las distintas facetas artísticas de tu día a día en tus libros: el cineasta, el escritor?
– Creo que todo influye, pero en este caso no lo pienso en términos de cómo debería aparecer el componente cinematográfico. De todas formas, me doy cuenta que hay algunos textos que podrían trasladarse a un guión, cambiando algunas cuestiones, porque tienen otro diálogo. Creo que confluyen los intereses que tenemos, nos pasa a todos, por la historia del arte, de la música. En relación al trabajo que hice para el libro anterior en la trilogía, “Edgardo H. Berg”, fue evitar las referencias políticas muy explícitas.
– “Futuro Berg” llega en un momento en el que casualmente los escenarios distópicos en Argentina están muy en agenda, por el boom de la serie de “El Eternauta”, ¿cómo se relaciona con ese fenómeno?
– Eso no fue planeado, verdaderamente, pero claramente está la coyuntura. De todas formas, los cuentos fueron escritos hace poco más de cuatro años y recién a inicios del año pasado se iba a publicar. Se demoró la salida y coincide ahora con el éxito de “El Eternauta”. De todos modos, es interesante pensar qué significa hacer ciencia ficción, porque cuando se piensa en el género pareciera que todos hablan de lo mismo, del futuro, pero en realidad eso es parcialmente falso. La ciencia ficción hecha en los ’50, que es la de Oestherheld, está pautada por ciertos patrones tecnológicos, ideológicos y literarios de los años ’50. En ese momento se produjo la primera gran ola de ciencia ficción en el cine, fue cuando tuvo la decadencia del cine clásico, fundamentalmente por las ventas, y las películas se vuelven un boom. Es por eso que en “El Eternauta” se pueden ver marcas del arte que se consumía en ese entonces. Por ejemplo, los personajes que vienen del universo animal, algo que aparece en muchas películas. La versión que se presentó con la actuación de Darín, tiene las marcas de nuestro tiempo, quiere decir que aunque los dos hagan ciencia ficción, las lecturas que pueden hacer del futuro son muy distintas. Mi aporte, de manera modesta, también tiene que ver con el tiempo que vivimos. No hubiera sido igual si lo hubiera escrito hace 50 años o dentro de 20.