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“Más que en contar una historia creemos en construir un mundo ”

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Luis Schlossberg

El cordobés Santiago Fillol es el guionista de “Sirat”, película española ganadora en Cannes que se presenta como gran candidata al Oscar a mejor película extranjera. El realizador dialogó con Casa Tomada sobre su trabajo con Oliver Laxe, el vínculo con la productora de Almodóvar y el desarrollo del cine cordobés

Sin dudas “Sirat” es una de las películas del momento. La producción española cuenta en su equipo con el cordobés Santiago Fillol, quien estuvo a cargo del guión junto a Oliver Laxe. En diálogo con Casa Tomada, el cineasta se refirió al momento que vienen viviendo con su última producción y recuerda sus orígenes en Argentina. La película resultó ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Cannes y ahora se presenta como una de las fuertes candidatas a los Premios Oscar como mejor película extranjera y mejor sonido. 

El equipo de “Sirat” viene realizando un recorrido por los principales festivales, con un marcado reconocimiento del que Fillol asegura: “Es un fenómeno y me siento muy orgulloso y asombrado. También lo estoy disfrutando, cuidando el privilegio de lo que está sucediendo, tratando de leerlo. En un momento en Francia nos dijeron, cuando la película empezó a hacer mucha taquilla, que éramos un accidente industrial, como algo inesperado que había sacudido un poco las salas de cine. Leyendo el fenómeno, con el tiempo que ha pasado desde que estrenamos en el Festival de Cannes hasta ahora, creemos que tiene que ver con una cierta sed del público, de las audiencias a volver a la sala, a volver a sentir con fuerza la sala del cine”. 

El guionista cordobés destaca que hay una necesidad de las audiencias de integrar a la sala del cine “como un lugar ritual en donde más que ir a comprender una historia o más que ir a entretenerte también puedes vivir una experiencia muy poderosa, transformadora, visceral, una experiencia que pasa por el cuerpo”, sostiene, y agrega el guionista: “En cierta forma todo el fenómeno de Sirat creo que nos hace recordar que el cine es muchas más cosas que ir a comprender o a consumir una historia, es un lugar en el que podemos tener una vivencia ritual, un rito de pasaje y que hay una parte muy física que toma cuerpo en la sala. Creo que nuestra película reclama esa tradición, muy fuerte del cine americano de los años 70 y de tantos otros grandísimos maestros, y que está un poco dispersa en esta época del mundo”.

– Junto a Oliver Laxe tienen larga historia, ¿cómo es el trabajo con él? ¿Cómo es la experiencia de guionar junto a otros, algo que no es sencillo?

– Con Oli nos conocemos hace más de 20 años ya, con lo cual podríamos decir que estamos entrelazados cuánticamente y compartimos imágenes. Tenemos los canales abiertos y a mí como guionista lo que más placer me produce es entrar en el mundo de otra persona, poder no ser uno mismo todo el tiempo. Qué lujo dejar de ser uno por momentos y poder entrar en el universo de otra persona. Con Oli trabajamos mucho a partir de imágenes capitales, situamos las imágenes más importantes que creemos que tienen que habitar ese universo, creemos mucho en construir un mundo más que en contar una historia, es algo que nos parece muy importante. De las historias se olvida todo el mundo, de los mundos, valga la redundancia, no.

En este sentido, Fillol sostiene que con Laxe intentan “invitar a los espectadores a habitar, a visitar un mundo, a vivir por unas horas una vida diferente a la que llevan y trabajamos así, juntando estas imágenes capitales y tratando de unirlas”, sostiene el cordobés, y asegura que por momentos “escribir un guión es ir haciendo los enlaces de una imagen capital a otra hasta que forman una constelación, viste que a veces las constelaciones son estrellas que están a millones de años luz de distancia las unas de las otras, pero que juntas forman una imagen particular, cada una de ellas por sí misma no dice nada, pero todas juntas igual forman Orión o Cassiopeia”.

Santiago Fillol, guionista de "Sirat"

– En el caso de “Sirat” también participa de la producción Pedro Almodóvar, leyenda del cine internacional, ¿has tenido vínculo con él? ¿Cómo fue?

– Ha sido un lujo, son gente de un temple, de una capacidad empática de saber cómo acompañar los proyectos. Hay una forma muy sencilla de decirlo que es a través del nombre que le pusieron a su productora, “El Deseo”, ellos realmente interpretan muy bien el deseo de los cineastas con los que trabajan. Ellos ponen toda su sabiduría, su fuerza, su empatía para acompañar esos procesos y creer, en nuestro caso, que lo más importante era hacer ese proceso, atravesar e ir descubriendo cosas. Y no es solamente Pedro Almodóvar, que es una leyenda viva, es un honor poder ser acogidos en su casa de producción, sino también la enorme sabiduría, dulzura, talento de Agustín Almodóvar y de Ester García, ha sido todo un regalo tenerlos de compañeros de viaje con tanta sencillez y tanta profundidad. El Deseo es como un iceberg, uno ve la punta de ellos y abajo hay una fuerza enorme y una sabiduría extraordinaria en estas tres personas que son Agustín Almodóvar, Ester García y Pedro Almodóvar, que han sido tan generosos de hacerle un lugar a Sirat en su casa.

– El sonido, también muy reconocido en la película, tiene un rol fundamental, por lo pronto desde el mundo de la música y las raves, ¿cuánto de eso se plantea a la hora del guionado?

– El sonido es capital en nuestra película y está pensado desde el origen. Como dice la gran Lucrecia Martel, toca el cuerpo y esa vibración hace y moviliza cosas en el interior de cada espectador. Durante todo el proceso de escritura fuimos muy cuidadosos y delicados con los arcos energéticos que queríamos trabajar con el sonido.

– Has escrito para proyectos más locales como “Matadero” y otros que se produjeron en el exterior, ¿hay alguna estructura que difiere a la hora de escribir con códigos nacionales y otros más universales o es indistinto?

– A la hora de pensar un guión no me imagino ni me pongo en la cabeza límites nacionales o de códigos particulares. Trato de pensar en las imágenes, que es algo muy universal que compartimos todos, tratar de ir lo más lejos posible. Por supuesto que lo hago aprovechando las idiosincrasias, los colores y sabores más particulares de cada sitio, pero pienso desde las imágenes que son un idioma universal.

"Sirat" cuenta con dos nominaciones a los premios Oscar

– Más allá del desarrollo de la búsqueda del padre por su hija, me da la impresión de que la película desata un profundo pensamiento de lo que es la geopolítica, los conflictos bélicos y de frontera, y la ignorancia de muchos de lo que pasa más allá de su ombligo, ¿se buscó generar eso? ¿Se presenta como una crítica a aquello que se proclama “apolítico?

– Es algo que está latente, pero nos parece muy importante lograr que los espectadores puedan habitar, pensar, sentir muchas cosas adentro de las películas. Si nosotros codificamos excesivamente nuestras intenciones sentimos que las imágenes se debilitan. Creemos muchísimo que una imagen fuerte es una imagen fresca, una imagen que no está hipotecada por ilustrar intenciones. Cada vez que ves que hay imágenes que están muy llenas de intenciones, que quieren ilustrar ideas, son imágenes que llegan un poco más cansadas, más rancias, con menos fuerza y energía, con menos vitalidad de la pantalla al espectador y logran penetrar menos en sus sistemas anímicos. Para nosotros es muy importante que el espectador viva una experiencia en un espacio tenso y geopolítico, pero no queremos bajar líneas ni aleccionar, sino que la vivencia prime. Cada vez que sentimos que una obra tiene más que una interpretación es cuando sentimos que estamos en el territorio del arte, que es uno de los pocos espacios en donde podemos comprender al mundo antes que juzgarlo. Necesitamos desesperadamente más espacios como este lugar, en donde podemos vivir una serie de cosas tan extremas que igual en la vida nos derrumbarían. Aquí tenemos el privilegio de la ficción y de la sala de cine, de darnos la oportunidad de caminar por ese desierto con todas esas complejidades durante dos horas de nuestra vida.

– Si bien hace mucho vivís lejos de Córdoba, hay un desarrollo muy grande de la industria audiovisual en la provincia, ¿cómo ves ese crecimiento que se ha dado en los últimos 20 años?

– Estoy muy conectado y me siento muy contento como cordobés de ver el crecimiento extraordinario y el trabajo generoso, fuertísimo, pleno de creatividad e inspiración que se han hecho en los últimos 20 años con el Cine Club Municipal Hugo del Carril como faro, con gente como Alejandro Cozza, Roger Cozza, Ramiro Sonzini, entre tantísimos otros que han apostolado la cinefilia y la han convidado para que haya cineastas como el mismo Sonzini, María Aparicio, Ezequiel Salinas, Martín Sappia, Sofía Bordenave, que acaba de estrenar su peli en la Berlinale, Agustina Comedi, que es una cineasta extraordinaria, Pablo Martín Weber, que me gusta muchísimo su obra y tantos otros. Del tejido comunitario que se armó y propagó en Córdoba entre la pollería de Rosendo, en donde al fondo se proyectaban películas de culto. El videoclub de Ale Cozza y el Hugo del Carril se fue forjando un micelio que hizo que esa pasión por el cine que contagiaron los cinéfilos fuera gestando un humus del que nacieron todos los nuevos cineastas cordobeses jovencitos que son extraordinarios y que han hecho tanto por dar imágenes a Córdoba. Una provincia casi sin cineastas a comienzos de los 2000, cuando yo me vine para aquí a Barcelona. Eso para mí es un prodigio hecho en comunidad y algo que hay que recordarle todo el tiempo al gobierno de Córdoba, a la Agencia de Córdoba Cultura, que es algo a proteger, que es un nido en donde la diversidad del cine cordobés, la fuerza del cine independiente, que es el que más lejos llega. No hay que olvidarse nunca que el cine cordobés que conocemos en el mundo no es el cine industrial o el cine que hace de servicio de producción, que también es importante para armar tejido industrial, pero que el cine que nos representa es el cine independiente, el que viene y nace de esos espacios, de esa comunidad increíble.