Paulo Soria
Fragmento del nuevo informe del guionista para "Escribe monstruo, escribe"
El slasher debería ser una materia obligada en toda academia que tenga la vocación de instruir sobre guion cinematográfico, porque es uno de los (sub)géneros que expresan con mayor convicción la clave narrativa de “menos es más”. Con tan pocos elementos narrativos como un asesino, su arma y un puñado de víctimas, ha logrado una institución.
Otra vez, desde el Terror surge un ejemplo de cómo contar historias. A pesar de no ganar Oscars ni ser considerado un género “importante”, ”serio” o cualquiera de esos términos tras los cuales se esconde el desprecio (¿o el miedo a lo diferente?), cosecha públicos masivos de generación en generación, quienes sabemos de su importancia podemos valorarlo, y por ser iniciados en su culto tenemos la misión (divina o satánica) de profesarlo.
Su simpleza quizás sea el motivo primero por el cual el slasher nunca muere. En verdad, ningún género muere definitivamente, y menos uno tan potente como éste. Ya lo demostró Scream en los noventas y lo está demostrando actualmente Terrifier.
Su principal valor, ya fue dicho, es la simpleza: un asesino persigue gente para asesinarla. Nadie queda afuera de un slasher, no hay nada que intelectualizar, todo es emoción, todos podemos reconocernos en ese miedo. Es tan sencillo como directo, porque su posición dentro del espectro de lo Fantástico es de las más cercanas a la vida real. Lo sobrenatural en el slasher surge desde la forma en que Mal se manifiesta en un asesino. Pero es tan posible, que da miedo. Ahí está el punto. Leatherface, Michael Myers, Jason, Ghostface y Art The Clown son posibles, podemos encontrarlos en cualquier calle que transitamos.
Michael Myers, de Viernes 13, un clásico histórico del género
Un monstruo ¿humano?
Los asesinos son la marca registrada, por eso crear uno
interesante es el principal desafío a la hora de escribir un slasher. Mi primera película como guionista y director fue un slasher. Nunca Asistas a Este Tipo de Fiestas la imaginamos y rodamos con FARSA PRODUCCIONES en 1999, yo tenía dieciocho años y un puñado de slashers vistos. Halloween ya era para nosotros un norte, pero recuerdo el impacto de haber visto hacía poco The Texas
Chain Saw Massacre. Yo quería buscar algo por ahí, pero quienes hayan visto Nunca Asistas… sabrán que pesó más la influencia de Esperando la Carroza. Mezcla de tonos de lado, sabíamos que la imagen y personalidad del asesino debía tener algo particular. Así habrá sido que surgió la máscara.
La imagen de los asesinos clásicos ya nombrados (incluso la
piel quemada de Freddy podría considerarse una máscara) hablaban por sí solas. Haber empezado los estudios de cine más académicos, sumando data sobre tópicos del género, me servían para bases teóricas sobre lo ritual, el origen
carnavalesco y el ocultamiento que da lugar al fuera de campo. Pero el slasher se caracteriza por contener todas esas mitologías y teorías de puesta en escena en un sólo elemento tan sencillo como impactante e icónico. Y eso es muy difícil de abordar.
Las grandes películas slasher se convierten en saga por la
potencia de sus asesinos. Carpenter suele decir que nunca le interesó realmente volver a abordar el universo de Halloween, pero que no puede desestimar el impacto que Myers causó en el público. La gente quiere volver a ver a los
asesinos, no a sus víctimas. Lo mismo sucede con Jason y hoy con Art The Clown. Si bien Laurie vuelve en las secuelas de Halloween hasta hoy, quizás sea Scream
la que juega más a romper la regla, porque Sidney persiste y también persiste Ghostface… ¿Pero Ghostface puede considerarse UN asesino? Porque específicamente es una máscara y no importa quién la porte. Pensándolo bien,
más que romper la regla del asesino de slasher, Scream la profundiza. El asesino es la máscara y las personas que osan usarla no son más que súbditos de esa fuerza sobrenatural.
Freddy (siempre Wes Craven) ya había renovado el subgénero cuando irrumpió como un asesino serial que atacaba en los sueños. Pero el detalle sobrenatural siempre estuvo desde Halloween y se hacía más fuerte en Friday the 13th. Myers es inmatable y Jason vuelve de la muerte. Terrifier 2 puso a Art The Clown en esa misma tradición. Ese detalle fantástico que hace del asesino del slasher un monstruo, sacándolo del plano humano, es lo que eleva a estas historias hacia el escalón de lo mítico.
Al escribir slashers es preciso pensar en la construcción de
nuestro asesino, es fundamental saber que va a ser la cara (la máscara) de nuestra historia. Pero es un arma de doble filo, porque forzar la seducción del espectador puede ser mortal. ¿Cómo se logra un asesino como estos clásicos? Si
todos lo supiéramos, estaríamos haciendo un hit tras otro. Craven y Carpenter se la jugaron, no sabían que sus asesinos serían lo que fueron. Damien Leone supo ver esa magia en Art The Clown y lo abrazó sin dudarlo. Él dice que podría estar toda la vida haciendo Terrifier. Adelante, maestro, vamos a ir a verlas todas.
Fredy Krueger, el motivo por el que toda una generación no quiso ir a dormir
El arma del asesino
El objeto define al personaje. Como la cámara de fotos a Jeff en Rear Window, el sombrero a Indiana Jones o el auto Meteoro, las armas que utiliza un asesino definen su personalidad. Siempre se señaló que las armas blancas son una parte típica del slasher, pero hay excepciones.
Leatherface se identifica con la motosierra que da título a su historia. Salvaje y ruidosa, como la propia experiencia de ver el film. Uno ve ese arma y ya imagina una muerte terrible y dolorosa. Leatherface utiliza también otras armas, como un martillo para liquidar vacas. No hay sofisticación alguna, o te destroza o te deja convulsionando de un golpe seco y mortal.
Michael Myers utiliza un clásico cuchillo, frío y filoso. Las muertes a cuchilladas o cortes como degüellos, marcan la siniestra tranquilidad de Myers. Clava o corta y observa. El cuchillo se convierte en símbolo de la perversión. Ya en Psycho, Hitchcock se encargó de marcarlo con el estigma fálico, dejando la clave para que una y otra vez se interprete la escena de la ducha como una violación.
Jason y su machete son una suerte de continuación de Leatherface, más que de Myers. Es brutal y campesino. Si Myers es un terror de pequeña aldea ciudadana, Jason continúa la tradición texana de Leatherface, como asesino campero, casi como un ser sobrenatural al estilo de nuestros Lobizón, Solapa o Pombero.
Freddy trae el arma más interesante del slasher, ese guante con dedos de cuchillos. Fue creado por él mismo y señala toda su perversión. Diseña el arma, la construye y la usa tanto para torturar con su sonido como para desgarrar los cuerpos de sus víctimas. Un arma que es imposible de ver fuera de contexto sin pensar en Freddy. Obra maestra del género.
Ghostface recupera el cuchillo myersiano, porque Scream es una película que viene a revalorizar a Halloween como madre organizadora del slasher.
Art The Clown es la renovación actual del slasher, pero sin vueltas. Se presenta como heredero de todos, con lo salvaje, lo sofisticado y lo sobrenatural, pero suma un elemento que había aparecido por ahí perdido y de manera casi casual en Scream: el arma de fuego. En Terrifier y Terrifier 2 el arma de fuego es una de las opciones planeadas por Art y aparece como sorpresa para el espectador. Ese arma señala el espíritu de todo vale de Art, al tiempo que lo hace con una sorpresa narrativa. Nunca sabes con qué va a salir Art The Clown, ese es uno de los cimientos del miedo que provoca.
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