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Entre la Literatura y el consumo: La construcción de una biblioteca propia

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Gustavo Luján para "El Ganso Negro" (Fragmento)

¿Qué define nuestra relación con los libros? En un mundo de consumos rápidos las lecturas parecen tender a lo fácil, el explorar las bibliotecas que llevamos adentro es una invitación a redescubrir el verdadero propósito de la literatura. Este ensayo transita desde una experiencia personal en una charla sobre libros hasta el intentar arribar al profundo significado de construir una biblioteca personal, aquella desde donde mirar el mundo y trazar puentes con quienes se atrevieron a compartir sus ideas y visiones empleando la palabra escrita.

En un almuerzo con gente vinculada al trabajo surgió el tema de los libros que estábamos leyendo, era un grupo de profesionales vinculados a la industria. Una de las personas que participaba comentó que era muy lectora y que consumía muchos libros. La palabra “consumir” me resultó extraña para relacionarla con los libros. Le pregunté qué autores le gustaba leer y el listado fue largo y de desconocidos para mí, cosa que me alertó, indagué que escribían y eran libros del estilo 50 sombras de Grey o El monje que vendió su Ferrari.

Pocos días antes había terminado Sostiene Pereira, una novela histórica que transcurre en Lisboa durante la dictadura salazarista; donde Pereira, el protagonista, inicialmente un hombre apático e indiferente se construye como un sujeto político comprometido, que ante el devenir de los hechos actúa resistiendo al fascismo. Me permito abrir un paréntesis aquí: Pereira en la versión cinematográfica de 1995 es interpretado por Marcello Mastroianni, quien en septiembre hubiera cumplido 100 años. Cierro el paréntesis. Sostiene Pereira es una novela antifascista de 1994, escrita por Antonio Tabucchi en tiempos donde Silvio Berlusconi asumía por primera vez como primer ministro de Italia. 

Estos dos hechos fueron el punto de partida para poder pensar el por qué elijo leer Sostiene Pereira y no otros libros. Pensar en cómo se fue armando mi biblioteca, no solo la colección de libros físicos sino la biblioteca que uno lleva en el corazón y que modela la forma en la que uno mira el mundo.

La creación de la biblioteca personal tiene que ver con los libros que uno tuvo a mano, con los libros que uno tuvo cerca. ¿Hay acaso otra forma de crear un lector si no es por medio del acceso a los libros? La respuesta es fácil y tajante: no.

Para crear lectores hay que tener los libros cerca. Cerca de las manos, de los ojos y de los tímpanos cuando esos libros son leídos y compartidos en voz alta.

Otro interrogante que resonó es si todo libro nos aporta posibilidades de ampliar los horizontes. Vuelven a mi cabeza las palabras de la chica lectora de 50 sombras… “consumir libros”, donde esas palabras fueron exactas y precisas, los libros citados por la chica lectora de la reunión, pensé, son como las hamburguesas de McDonald ‘s, iguales para todos en los 120 países donde está la cadena de fast food sin ninguna marca de identidad local. Así como esos sabores establecidos globalmente hay narraciones hegemónicas que van instalándose para ser consumidas, cumplen con la función para la cual fueron creadas: Leer como pasatiempo, para distraerse, para “superación individual”. Hamburguesas bajas en aportes nutricionales y siempre iguales en cualquier lugar, de sabor estandarizado, como las narraciones sin cuestionamientos a los statu quo.

La Literatura como arte busca ser transitada desde la experiencia estética, sumergirnos en ella y no quedar iguales. No se trata de cantidad, no se trata de acumular libros leídos como buscando romper marcas atléticas. El origen de la palabra consumir viene del latín y significa desgastar, agotar. La idea de consumir es esa, agotar algo hasta aburrirse y pasar a otra cosa, justamente como una hamburguesa en una cadena de fast food, es decir una experiencia olvidable y quizás ni siquiera eso, intrascendente sería más correcto. Pagar, usar, descartar y así comenzar el ciclo. Resuena en mi memoria la voz mejicana de Paco Taibo en alguna conferencia que circula en la web, sostenía que con los libros se construye la educación sentimental y contaba que, con Los tres mosqueteros de Dumas, al margen de los pinches mosqueteros que andaban defendiendo el honra de una reina piruja en Francia pero a la hora de los madrazos traían jodidos a los guardias de un cardenal y actuaban como un puño los mosqueteros, que de allí había aprendido el lema de la solidaridad: todos para uno y uno para todos.

La escritura que tiene que llegar con facilidad es la que tiene como fin el de ser Literatura y es como dice Henry Miller: “El fin del arte no es el arte sino la vida”.

El regalo

A mediados de los 90, mi hermana Silvia me hizo un regalo. Era un Periolibro, los Poemas Humanos de Cesar Vallejo. Quedaron marcados en mis adentros los versos de Piedra negra sobre piedra blanca, versos que puedo recitar de memoria:

Me moriré en París con aguacero

Un día del cual tengo ya el recuerdo

Me moriré en París y no me corro

Tal vez un jueves, como es hoy, de otoño

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso estos versos

Los húmeros me he puesto a la mala

Y jamás como hoy, me he vuelto

Con todo mi camino, a verme solo

César Vallejo ha muerto

Le pegaban todos sin que él les haga nada

Le daban duro con un palo

Y duro también con una soga

Son testigos los días jueves y los huesos húmeros

La soledad, la lluvia, los caminos.

Desde entonces la tristeza o la desesperación tienen las manos flacas y huesudas como las dibujó el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, que ilustraba ese periolibro con los versos desgarradores de Vallejo.

Desde ese primer volumen de aquella fantástica colección se sumaron otros que ayudaron, en parte, a crear mi canon personal. Parte de aquellos fueron la entrada a libros y autores que desde entonces me acompañaron.

Mi hermana no me regaló un puñado de hojas de papel de diario y tinta sino una ventana, que una vez abierta es otra posibilidad desde donde poder mirar el mundo.

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