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“El desafío es escribir del mejor modo y con la mayor belleza posible”

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Luis Schlossberg

El escritor Leonardo Padura dialogó con Casa Tomada sobre la literatura en América Latina, los desafíos de la actualidad y la vida en Cuba

“La literatura latinoamericana sigue teniendo una vitalidad notable. Quizás no con las mismas características que tuvo en la generación que acaba de cerrar la muerte de Vargas Llosa, porque las condiciones sociales y culturales son diferentes y su proyección no puede gozar de igual visibilidad, pero hoy en nuestro ámbito existen una gran cantidad de escritores de altísima calidad, que trabajan muy diversos registros, pero que, en los casos más notables están reflejando  precisamente esa complejidad social y política de un continente tan diverso y convulso como el nuestro”, asegura Leonardo Padura, el gran escritor cubano que se presenta en la actualidad como uno de los máximos referentes de la literatura latinoamericana.

Dialogando con artistas de la isla, y en referencia a la próxima publicación de esta entrevista, se refirieron a Padura como “salvaje”. Ante la admiración por el adjetivo por parte de quien escribe, creyendo que era algo despectivo, la respuesta brindada fue: “Aquí salvaje es algo bueno, es cojonudo”. La verdad que sí, no cualquiera se enfrenta a todo un sistema, le dice las cosas en la cara y no escapa para evitar cualquier tipo de represalia. Desde hace años, Padura realiza una radiografía de Cuba, desde adentro, con “salvajes” novelas que nos acercan a las cosas hermosas que comparten a diario sus compatriotas, sabores, aromas, y escenas de estrechos vínculos. Y, a la vez, todo lo duro, las injusticias, las desigualdades y los derechos reprimidos. 

Casa Tomada pudo conversar con el padre de Mario Conde y autor de increíbles libros como “El hombre que amaba a los perros”, sobre su escritura, la modernidad, la realidad en Cuba y la pérdida de valores. Leonardo Padura pasó por Casa y nos compartió algunos de sus pensamientos. 

– Algo hermoso de su escritura es la poesía de los textos, más allá de que el formato en el que se la presente sea una novela. ¿Cuánto se detiene en la forma de su narración a la hora de escribir?

– Me detengo todo lo que puedo. Ya se sabe que escribir nunca ha sido fácil. Y que escribir bien es aun más difícil. Entonces escribo, reescribo, vuelvo a reescribir porque el gran desafío es intentar decir del mejor modo que uno sea capaz lo que pretende decir, y mejor si lo logra con la mayor belleza posible. Yo trabajo en una lengua de una riqueza enorme y procuro apropiarme de todo lo que ella me ofrece. Pero no hay fórmula secreta: lo importante es trabajar el texto hasta que sientas que eres incapaz de mejorarlo, y, sobre todo, no enamorarte de tus capacidades, sino siempre juzgarlas críticamente. 

De la inteligencia artificial, Padura dice que es "una revolución muy grande"

– Más allá de las limitaciones de accesibilidad a medios desde la isla, ¿cómo se relaciona con las nuevas tecnologías?

– Poco y mal. No tengo ni quiero tener redes sociales, no sé cómo se usa la inteligencia artificial, mi teléfono es para llamar y enviar o recibir mensajes. Soy definitivamente analógico.

– ¿Le genera algún tipo de preocupación el aumento de uso de las Inteligencias Artificiales?

-Por supuesto. Es una revolución muy grande como para no tenerla en cuenta y con unas capacidades como para no tenerle miedo. Y yo le tengo miedo.

– En sus novelas se observa siempre un fuerte trabajo de investigación histórica, ¿cuánto le insume ese trabajo a la hora de escribir?

– Todo el tiempo que requiera el asunto que me ocupa. Para escribir “El hombre que amaba a los perros” dediqué 2 años a investigar y luego 3 a escribir la novela, sin dejar de leer y buscar información. Nunca sabés lo suficiente de ningún tema, aunque para mí lo más importante es lograr que mis personajes actúen y se muevan con coherencia en un contexto determinado y entonces siento que he cumplido lo fundamental de esa investigación.

– De todos modos se nota que le gusta esa búsqueda en el pasado, ¿hay períodos que le resulten más fascinantes? ¿Alguno sobre el que tiene pendiente escribir?

– Me fascina indagar en el pasado para encontrar en él cómo se refleja hacia el presente. Ver cómo nos hemos equivocado muchas veces y seguimos cometiendo los mismos errores, y horrores. Y, por supuesto, hay muchos pasados que me atraen pero no sé si me sumergiré en alguno más. Todo depende de que el asunto que me provoque la idea de una novela lo requiera.

– ¿Sigue a algunos escritores o escritoras contemporáneas? 

– Sí, pero no los voy a nombrar. El gremio de los escritores siempre ha sido muy sensible y hoy, con las redes sociales y todo lo que cuelga pues esa sensibilidad muchas veces se convierte en agresividad, así que mejor es no cuquear al león.

Entre los libros de Padura se destaca la serie de policiales de Mario Conde

Camino a La Habana

“Ahí, exhibiéndose, tentadora, asediada por el sol del trópico, estaba La Habana, toda La Habana, abierta como un abanico, intrincada como un misterio, incitante como una invitación a descubrirla, a poseerla, a emprender la fiesta innombrable en la que he bailado durante todos estos años, que van siendo muchos, los años que he dedicado a esto, a escribir en la ciudad, sobre ella, con el espíritu, el idioma, la historia visible y oculta de este sitio mágico y entrañable al que pertenezco”. *

A fines de 2024 Padura publicó su más reciente libro: “Ir a La Habana”, donde reúne una serie de escritos sobre la ciudad en la que vive y que le sirve de escenario para tantos de sus personajes. 

– Ha hablado de una “pérdida de humanidad” en La Habana, ¿será un mal que afecta a todo el planeta? 

– Quizás sí, quizás estemos viviendo el momento en que estamos más interconectados unos con otros y a la vez más lejos unos de otros. Es un momento raro de la evolución social en el que se han puesto en crisis los grandes proyectos utópicos igualitarios y no han sido sustituidos por alternativas que intenten sustituirlos con la coherencia necesaria. El mundo es cada vez más rico, pero a la vez más desigual y, además, está viviendo giros hacia ultraderechas ultraliberales, con la aparición de oligarquías del dinero y de apego al poder que no auguran nada bueno para el futuro.

– Usted habla de “ajenitud”, ¿tiene que ver con esto el egoísmo en el que se ha visto envuelto el hombre?

– No, en mi caso tiene que ver con el sentimiento de que algo cercana comience a volverse ajeno. Y es el sentimiento que me provoca el contacto con una ciudad como La Habana, que me perteneció tanto y que se va transformando en algo que cada vez siento más ajeno. Lo explico en mi libro sobre La Habana.

– En sus libros el amor está siempre muy presente (en una pareja, en un par de amigos, el amor a una ciudad, incluso en la admiración a un referente), ¿cree que con los años el concepto de amor ha cambiado? ¿Los vínculos se han dañado?

– No lo sé, la verdad. Me tratas como si fuera un gurú, y no soy más que un escritor. Solo puedo decirte que los modos de manifestar amor y otros sentimientos humanos tiene que haber cambiado porque las sociedades han cambiado, pero hay algo que es más permanente, que es la condición humana y la capacidad para sentir determinadas pasiones, obsesiones, deseos, intenciones y, entre esos valores, está el amor. El amor sigue existiendo y, creo, solo creo, no soy capaz de garantizar nada, que seguirá existiendo.

"El amor seguirá existiendo", dice el autor de "El hombre que amaba a los perros"

Cuba y revolución

“Mientras yo crecía y comenzaba a tener raciocinio, a mi alrededor se iniciaba el desarrollo de una travesía social, histórica, política y económica llamada Revolución que, como su nombre lo advierte, trastocaría las cosas, las revolvería, las voltearía: y La Habana sufrió ese vértigo de huracán que lo cambia todo, altera las fisonomías y a su paso arrasa con tantas cosas”.*

– Más allá de la censura a sus libros, ¿ha sentido presiones por decir sus apreciaciones del país? 

– Claro que sí. En un país donde todos los medios e instituciones pertenecen al Estado, que es el gobierno, que es dirigido por el Partido único, pues los espacios de expresión quedan limitados por ese poder. Y, aunque a veces uno no lo sienta, el Gran Hermano está siempre ahí, y eso mete presión, por supuesto. 

– Para muchos la crítica social se presenta como una falta de cariño a lo propio, cuando en realidad puede ser el dolor de no poder verlo como quisiera que esté, ¿le pasa eso con Cuba? ¿Cómo ve la isla en este momento? 

– La crítica debería ser entendida como, digamos, un antibiótico: actúa sobre las infecciones para curarlas. No aceptarla, implica entonces que determinados males sigan existiendo. Y esto no es una cuestión de cariño, sino de lógica de la trama social. Por eso alguna vez se dijo que el periodismo era “el cuarto poder”, ¿no? Ahora mismo veo a la isla sumida en una policrisis que me parece sistémica, más que coyuntural. Hoy hay problemas con la energía eléctrica, los combustibles, los alimentos, los medicamentos y con todo. Hay una devaluación de la moneda nacional y una inflación brutal. Mucho tiene que ver en ese estado de cosas la política de un bloqueo o embargo estadounidense cada vez más agresivo, pero el embargo existe hace 60 años y ahora estamos creo que peor que nunca.

"¿Por qué han salido de Cuba un millón y tanto de personas en tres años?"

– ¿Cree que hay una romantización de quienes se proclaman de izquierda y no viven en la isla, lo que no les permite ver las injusticias que allí viven?

– Hay una lectura de periódicos viejos y un desconocimiento de la realidad cubana. Vuelvo a repetir, el bloqueo existe y funciona, pero la ineficiencia local también existe y funciona. Además, la sociedad cubana de hoy no es la de décadas atrás, ahora la trama social se ha dilatado y hay gente con recursos y mucha más gente en la pobreza, pobreza real, mientras ven cómo si tienes dólares vives un poco mejor, un poco. Habría que preguntarse: ¿por qué han salido de Cuba un millón y tanto de personas en tres años? ¿Por qué los jóvenes quieren emigrar? Una buena opción sería radicar en la isla a algunos románticos, viviendo como cubanos de a pie, no como turistas ideológicos, y creo que muchas opiniones cambiarían cuando en sus casas puedan estar hasta 20 horas al día sin electricidad.

– Mario Conde es uno de los que decidió quedarse y “pelearla” desde adentro, ¿usted también lo vive así? ¿En algún momento pensó en irse?

– Todos pensamos alguna vez en irnos, pero entre pensar y hacer hay un tramo. Yo he decidido quedarme, vivir esta realidad y así poder escribir de ella con pleno conocimiento de causas y efectos, sin romanticismos ni nostalgias, y también sin odio. Trato de ser comprensivo, pero a la vez interrogativo con esta realidad tan candente. Soy escritor y sé que el desarraigo puede ser un mal muy dañino para los seres de mi especie.

– Incluso Conde dice por ahí que “lo más importante es el derecho a elegir”, ¿cuánto duele no poder hacerlo cuando alguien te lo impone por tanto tiempo? ¿Es lo mismo que un sistema económico mundial que te relega en la falta de oportunidades?

– Uf, haces unas conexiones que dan vértigo. Que yo no pueda elegir si me gusta leer algo y me lo prohíban o que el mercado mundial sea una dictadura de los mercados más poderosos… no, no soy capaz de enlazar esos dos cables. Lo que sí sé es que es doloroso no poder ejercer eso que en la Biblia se denomina “el libre albedrío” que incluso un tipo tan prepotente como Dios nos dio a los hombres para que decidiéramos, y casi siempre nos equivocáramos y fuéramos a parar al infierno. Y eso que me han dicho que ese Dios es amor, que nos ama, ¿o no?

– Para muchos argentinos Cuba es parte especial de la historia por Ernesto “Che” Guevara y tanto pasado que nos une, ¿sucede lo mismo para los cubanos con Argentina?

– No lo sé. No puedo generalizar. En el pasado estuvo la figura política del Che, pero más recientemente la gente ha identificado a Argentina más con Maradona y con Messi. Yo, en lo particular, con su literatura, su cine y con el humor de Les Lutihers.

 

Fragmentos de “Ira La Habana”, de Leonardo Padura (2024 – Tusquets Editores)