“A la IA no le creo nada, sé que es perversa y que si funciona es mala”
Luis Schlossberg
Visitamos al escritor chaqueño Mempo Giardinelli en la Fundación que lleva su nombre, en el corazón de Resistencia, para hablar de libros, militancia y las nuevas tecnologías
A veces las vueltas de la vida te llevan a compartir una mesa de café con locos lindos. Otras veces, en lugar de café, sobre la mesa hay un buen mate cocido, pero la variable de la persona copada para charlar, se mantiene. En Resistencia visité la Fundación Mempo Giardinelli, un espacio que busca fomentar la lectura y la formación, acerca a la gente a los libros y al pensamiento crítico, y en una de sus mesas, acomodando todo antes de ir a la Feria del Libro de Buenos Aires, estaba quien le dio nombre la institución, uno de los emblemas de la cultura chaqueña.
No hace falta una extensa presentación, podríamos estar párrafos enteros hablando de su currículum y los premios que ha recibido Mempo Giardinelli, aquél que asegura que “me he convertido en un marginal, no lo era, pero me he convertido en uno”, seguro de su pensamiento y con un lugar que se ha ganado en el arte y la cultura de nuestro país.
Desde hace años realizan una intensa labor desde la fundación, que cuenta con más de 30 mil libros: “Hay sociedades que son reacias a las bibliotecas, a la lectura en sí misma, tienen miedo, es una forma de la ignorancia. Son brutos y entonces, como tales, piensan que la literatura es subversiva, que es peligrosa. Chaco tiene una hermosa tradición, no conozco un censo, pero es una de las provincias con más bibliotecas, la cantidad que hay es impresionante, y la nuestra, aunque quede mal que yo lo diga, es la más importante, el acervo que tenemos que es extraordinario”, explica mientras recorre los tres pisos del salón, con sectores para todas las edades y aulas especiales para las clases de las diplomaturas que desde allí se dictan.
La Fundación tiene su inicio con el regreso de Mempo desde el exilio, cuando volvió a Argentina desde México, donde dictó clases en la Universidad Iberoamericana y la UNAM, y trajo consigo un contenedor lleno de libros. Lo curioso fue el lugar en el que se instaló, un solar donde otrora funcionó una suerte de almacén de ramos generales, del que Giardinelli padre fue responsable, y que con el paso de los años se había venido abajo. El lote, tal como cuenta el escritor, muchos años después, y durante la dictadura funcionó como centro clandestino de detención, y gracias a la voluntad de muchos, pudieron convertir el dolor en arte, en cultura, en un espacio para la contención.
Giardinelli presentó "Paraná", su más reciente libro
“Todo esto se logra porque yo tengo un gran equipo conmigo, de más de 30 personas, yo creé una mística, esto es un monasterio y estoy muy orgulloso”, confiesa el escritor, en tanto que destaca que muchos de los que acompañan son estudiantes y varios más que se sumaron a los grupos de Abuelas Cuentacuentos. Este grupo, inventado por la hermana de Giardinelli, ya tiene más de 600 integrantes por todo el país. “Son divinas, hacen presentaciones en las plazas, en los colegios, por todos lados, contando sus cuentos”, comenta.
– ¿Cómo ves la realidad cultural en Argentina en la actualidad
– Es un país naufragando, es como el Titanic. No sé si tendrá remedio este país con esta gente. Aunque la gente quiso votarlo, yo creo que hubo fraude, no puedo probarlo, pero ahora resulta que nadie lo votó, si nadie lo hizo entonces hubo fraude. Tengo una visión muy pesimista, aunque sigo buscando alternativas, por ejemplo desde el movimiento del que soy parte: El Manifiesto Argentino, que está en todas las provincias.
– ¿Ves que hay alguna alternativa de acción, por ejemplo, desde las organizaciones?
– Hay una alternativa de acción fundamental que ni yo ni nadie la hacemos: la de sacarlo al presidente. Pero digamos que ninguno lo va a hacer. Estamos jodidos. Con esta gente no hay diálogo, no hay nada, es imposible. Lo más dramático es que la sociedad los votó. Ni en la radio, ni en la tele se los quiere, pero nadie va a cuestionar al que votó a Milei. Esto fue un suicidio, un suicidio colectivo, algo que le pasó a Alemania, a Rusia, a China, le pasó a todos los pueblos, menos a los gringos, porque ellos siempre se brindan a sí mismos, como que son muy especiales. Yo ya estoy grande, uno se pone viejo y se pone bastante escéptico. He militado toda mi vida, estuve en cana, tuve que irme al exilio, ya pasé por muchas, y a esta altura de mi vida quiero poder escribir y que no me jodan. Vengo a la Fundación todos los días, toda esta gente creo que me quiere mucho, yo los quiero a ellos, y esto es una colectividad.
Mempo destaca las acciones que desarrollan desde su fundación, como el Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, que vienen desarrollando de manera ininterrumpida desde hace más de 30 años, con versiones online en las últimas ediciones. “Nos adaptamos a lo virtual, por costos y gestiones”, sostiene y explica que ante la nueva era digital indica: “Escribo en la compu y tengo celular con WhatsApp, pero no abro Instagram o TikTok, ni la IA, porque además no le creo nada y sé que es perversa, que si funciona es mala.
– ¿Te da un poco de miedo lo que puede generar la IA?
– No, no, miedo no. No es que yo sea valiente, pero yo ya pasé tantas cosas que esto no me da miedo. Sí, es una herramienta interesante también, pero es un juego peligroso. Al enemigo, ni justicia, ni bola.
Visitamos a Mempo en su fundación, en el corazón de Resistencia
Federalización de la cultura
– Se ha visto una apertura a nivel nacional a los escritores de las provincias, en Chaco hay varios referentes como Juan Solá o Mariano Quirós en los últimos años, ¿cómo te llevás con las nuevas camadas de escritores?
– Yo estoy grande para apostar a eso y creo que cada uno tiene que hacer su camino. No es que yo sea individualista, pero yo creo que cuando mejor escribe uno es cuando está solo, concentrado, tomando un mate, fumando un pucho, pero tranquilo, que no te jodan. Es decir, cuando hay una presentación de colegas me invitan, soy un poco el viejo al que, todos quieren, algunos me miran de costado, otros se cargarán envidia, y otros son buena gente. Tuve una vida muy dura de sufrir, pero yo a esta altura en mi vida ya no tengo nada.
– Te une a mi ciudad, Río Cuarto, un placer especial desde la lectura de Juan Filloy, ¿quién fue él para vos?
– Juan fue un papá, un papá viejo, fue un maestro para mí. É me abrió las puertas de una manera tan generosa, me había leído en casualidad un texto, yo lo tenía bien leído ya hace tiempo, por mis padres. No era una persona que fui a descubrir, sino que ya en mi ámbito familiar era Don Juan. Un día, cuando yo volví del exilio, me largué, me tomé un colectivo en Buenos Aires, me fui a buscar a Don Juan. Él me atendió de una manera tan agradable, tan generosa, y nos pasamos conversando. Más de 10 años duró esa conversación, incluso tuve la alegría de poder acompañarlo, junto a su familia, cuando festejó sus 100 años en Córdoba.
Un escritor de la magnitud de Filloy, que podría estar a la altura de grandes de las letras argentinas como Borges o Bioy Casares, quizás no obtuvo el mismo reconocimiento, tal vez por lo mismo que padecen muchos escritores del interior del interior. Sobre esto también reflexiona Giardinelli y analiza que “los pueblos marginales son reacios al reconocimiento, es una hipótesis que tengo, a lo mejor al hacer un reconocimiento sentirán que se debilitan, o que se degradan, que no es el merecido. A veces en muchas sociedades hay disputas de sectores, de grupos, ¿no? Que pueden venir de las universidades, de los colegios, de los secundarios, y todo eso es nocivo, porque le hace mal finalmente, a la literatura y a la gente. Yo creo que esa etapa, no digo que me la salté, pero no fui de eso, nunca disputé poder, nunca”, concluye.