“La palabra todavía es un arma para quienes estamos buscando un mundo mejor”
Luis Schlossberg
Juan Solá presentará el unipersonal "Invisible", obra basada en su libro homónimo. Dialogó con Casa Tomada sobre la lucha que se debe dar desde la cultura
El poeta Juan Solá vuelve a Río Cuarto y esta vez lo hará en un escenario, presentando la adaptación de su libro “Invisible” a un unipersonal que él mismo interpreta. En diálogo con Casa Tomada se refirió a lo revolucionario de esta transición a las tablas y la necesidad de recuperar la palabra, con todo el valor que la acompaña.
“Invisible” es un texto que originalmente se editó a través de Random House, en el año 2021, y que recientemente fue reeditado por Editorial Sudestada. El sábado 18 de abril, Solá actuará en Elvis, “es un unipersonal que toma como referencia a uno de mis libros, que tiene el mismo título, con un eje central en lo que es salud mental, vínculos familiares y consumos”, sostuvo el escritor, y agregó: “Es un texto que está compuesto por tres momentos en los que se abordan estos temas con la intención de poner sobre la mesa ciertos diálogos vinculados a los consumos, y a como las familias abordan la enfermedad. Lo elaboré a finales del año pasado, con la intención también de hacer una presentación más vinculada a lo teatral, por lo que hay momentos con música, no es un recital de poesía como lo que veníamos haciendo habitualmente”.
La obra se estrenó meses atrás en Café Berlín, “el recibimiento fue increíble”, dice el autor, quien destaca que luego se inició una gira que los llevó a él y su equipo a “Viedma, Cipolletti, hicimos una doble función en Neuquén, porque el recibimiento fue muy lindo, y la intención es seguir girando, así que ahora en abril nos encontraremos en Elvis (para comprar las entradas AQUÍ), y haremos función en Santa Rosa, en Realicó, Córdoba, Mar del Plata, Miramar, y se van sumando más y más funciones”, asegura Solá, quien valoró el acompañamiento del público: “Cualquier expresión artística se pueda sostener en pie gracias a que hay gente todavía interesada en invertir su tiempo y su dinero, en ir a ver teatro, en ir a escuchar poesía, lo que, con los tiempos que corren, es un enorme gesto político a considerar y también, si se quiere, una excusa para ampliar la trinchera, cuando la guerra se hace más grande, la trinchera se hace más grande también. Eso es la verdad”. La obra llega a Río Cuarto con la producción de Marcela Maugeri a través de Bai Producciones.
– Más allá de que se presenta en formato de unipersonal, lo que brinda ciertas posibilidades para mantener lo que es el libro, ¿cómo se dio ese traslado del papel al escenario?
– El texto del libro aborda la historia de una escritora que se llama Andrea, que tiene una pareja, y esa pareja tiene un brote psicótico. Ese es el disparador. Cómo Andrea, a través de esa situación particular, empieza también a revisar otras situaciones de su vida vinculadas a lo que es la familia, los consumos, el silencio, la enfermedad, cómo las distintas familias también manejan esas ideas, o cómo se lleve a puertas adentro de una familia una adicción, por ejemplo. En este caso, en la reinterpretación, el texto ya se produce en primera persona. Yo como actor/autor, me pongo en la piel de ese personaje, pero desde la propia persona. Si bien, fue muy lindo trabajar con el texto, porque es un texto que a mí me gusta mucho.
La obra se basa en el libro "Invisible"
– En lo personal, ¿cómo fue tu preparación para ponerle la cara a la obra?
– Hay una cosa que es una decisión política, que tomé hace unos 10 años cuando empecé con este trabajo de los recitales de poesía, de ir y poner el cuerpo también como una forma de militancia, como una forma de encontrar el lugar propio en la revolución. Muchas veces un acto revolucionario es hacer lo inesperado o lo que uno no pensaba que estaba por hacer, aún sabiendo que le puede llegar a costar, pero que eso que está haciendo le pueda ayudar a otras personas que se exponen a esa información a atravesar ciertas situaciones o a ponerle palabras muchas veces a cosas que les pasan y que no encuentran palabras. Vivimos en una sociedad de la imagen y en una sociedad que no tiene tiempo para la elaboración. Me parece fundamental entender que estos lugares, más allá de que concentren un público amante del teatro o de la poesía, también están destinados a cualquier persona que siente algún interés por la temática que se aborda o por poder encontrar palabras para describir otras cosas que le pasan. La palabra todavía es un arma para quienes estamos buscando un mundo mejor con todo lo que eso pueda generar significar. A veces hay que correrse del lugar de la vergüenza y darse cuenta de que es necesario levantar la voz, no para el aplauso, sino para que otras personas puedan perder la timidez o el miedo, ganar coraje y también levantar la voz. Y eso es algo que, sin lugar a dudas, hace la poesía.
– Mencionás algo fundamental como el uso de la palabra. En un escenario como el actual, donde hubo un bastardeo de la palabra y una manipulación desde la desinformación. Por ejemplo, con la idea de libertad. ¿Es clave esa lucha desde la palabra?
– Es una lucha desde el sentido común y por el sentido común. Tomar la palabra libertad hoy en día se ha vuelto polivalente y depende mucho del orador. Para nosotros que crecimos con una idea común de libertad, con una idea compartida de libertad. Hoy por hoy la libertad parecía significar una cosa distinta para cada quien, y es interesante ver qué pasa cuando la palabra se pone en ejercicio, se la pone en contexto. Lo que pasa cuando las personas que por mucho tiempo han decidido ceder su palabra a otros, empiezan a fortalecerse desde el lugar de la denunciación. Me pasa esto, esta es mi historia, también merece ser contada y a lo mejor el acto de contar se traduce en el acto de resguardar.
El sábado 18, Juan Solá estará en Elvis (Río Cuarto)
– Hay otros espacios que también se definen como revolucionarios, como es el de la poesía, el un momento en el que no cualquiera se acerca al género.
– Hemos trabajado muchos años para romper un poco con esta cosa de la poesía inaccesible, para unos pocos, dentro de círculos intelectuales. La poesía es una forma de acercarse al mundo, de ver el mundo. Muchas veces la gente habla en forma de poesía, pero no se da cuenta porque no estamos prestando la atención a las palabras. Es muy bello escuchar a los pibes y sus anécdotas contadas a través del lenguaje poético, se vuelven mucho más poderosas, mucho más significativas, resuenan en otros compañeros y compañeras de la escuela. Hoy en día, no solo la libertad está puesta en tela de juicio, sino también esto del futuro o de los jóvenes. Creo que el hecho de que los chicos puedan explicarse y encontrarse a través de la palabra hoy es algo que se ha constituido como un espacio que tenemos que defender. Están los pibes que están haciendo rimas también, la poesía es obrando muchas formas. Lo importante es entender que es una forma de acercarse al mundo. No necesariamente para tapar lo feo y hacer todo lindo. Es para poder hablar de cosas feas, para poder hablar de cosas que nos cuesta decir, para poder sacar las palabras de la garganta. La poesía viene a reemplazar el grito de ira, a reemplazar la frustración, viene a arrancar un poco del adormecimiento a la gente. Tiene una función social más allá de su función estética, y una de las cosas que dice el texto de la obra es eso.
En este sentido Solá destaca que encontró su lugar en la poesía que se aleja del arte, que “se ofrece como un apósito para este mundo en carne viva”, dice el artista, y sostiene que más allá de su función estética “la poesía tiene una función social que vamos a defender porque nosotros somos conscientes y testigos de lo que es capaz de hacer la poesía por las comunidades más vulneradas, por las personas más invisibles”, concluye.