Luis Schlossberg
La autora entrerriana presenta la semana que viene su nueva novela: “Una casa sola”. Habló con Casa Tomada sobre la presentación y el valor del trabajo de los escritores en todo el país
“Las raíces irradiaron los cimientos: árbol y muros se van volviendo un mismo monte. Picotean las gallinas los restos de las alacenas, los bichos anidan en el hueco del calzado reseco y los perros se enroscan en las sábanas abandonadas que huelen a sus dueños”, destaca la descripción de “Una casa sola” (Penguin Random House), el esperado estreno editorial de este 2026, el nuevo libro de la entrerriana Selva Almada. A días antes de su presentación la escritora habló con Casa Tomada sobre esta nueva novela, su proceso de trabajo y la federalización de la literatura.
“La escritura es básicamente intentar ponerse en los zapatos de otro que no soy, que no seré, y hacerlo desde una comprensión completamente absoluta, eso después aporta en gran medida a los personajes”, reflexiona la autora, que ha generado un impacto en sus lectores desde una narrativa fuerte, con personajes que, como ella asegura, “son muchos personajes en uno solo”. En sus libros retrata la vida en escenarios que nos remiten a su Entre Ríos originario, en el día a día de cualquier vecino, pero con líneas que nos llenan de lenguaje poético.
“Empecé a escribir ‘Una casa sola’ saliendo de la pandemia, a fines del 2022, en una residencia de escritura que hice en Saint-Nazaire, en Francia. Pero la idea me venía rondando desde hacía bastante, porque me impacta mucho cuando viajo por el país como en las pantallas de los aeropuertos te pasan todo el tiempo fotos con información de personas que están desaparecidas en tiempos de democracia. Me llama la atención como hay tanta gente que no se sabe dónde está, durante años, no se sabe qué pasó con ellos y los siguen buscando”, comenta Almada sobre el origen de la novela, y agrega: “Me impresionaba mucho la desaparición en tiempos de democracia, porque obviamente sabemos que hay casos de mujeres o niños que lo hacen producto de las redes de trata de personas, pero de repente un hombre grande o de media edad, gente que no entra dentro de las personas desaparecidas por la trata, me llamaba mucho la atención que fuera tanta”.
Señala que así comenzó a escribir, pero no enfocándose en la desaparición, sino en lo que ocurre con el lugar que esa persona habitó durante un tiempo, “en qué pasa con los espacios que quedan sin esas vidas que los habían poblado, la casa como lugar donde alguien puede formar una familia, como es el caso de la novela, una casa que siente que empezó a serlo a partir de ser habitada por estas personas. ¿Qué pasa con ella un tiempo después cuando esas personas no aparecen, cuando empieza una búsqueda ya en el plano de lo policial, de lo judicial?”, destaca.
El martes Almada realizará la presentación de su nuevo trabajo con la lectura de fragmentos y la compañía musical de Rusi Millán Pastori, “un amigo con el que venimos haciendo estas lecturas con música desde hace un año, siempre fue con lecturas de otros, ahora será con fragmentos de mi novela”, comenta la autora, quien destaca que en “Una casa sola”: “También se avanza en cómo este lugar que de repente se convierte en un escenario de investigación, entonces ese monte abraza a la casa y ésta vuelve a sus orígenes”.
– Nuevamente la naturaleza toma un rol importante en la convivencia con el humano y la presencia en el lugar que habitamos, ¿cómo vivís esa naturaleza?
– Aquí vuelve a aparecer el monte con alguna variación, porque ya no es el monte de la isla, sino que es el monte del centro de Entre Ríos, del espinal entrerriano. Me gusta seguir buscándole la narrativa a esos universos muy habitados por lo animal, por lo vegetal. También por su impronta poética, creo que tienen eso en sí mismos, son pura poesía. Me gusta pensar esas comunidades que se arman entre las plantas, los árboles, los animales, de esos insectos mínimos que viven en los troncos. Todo eso me parece tremendamente poético, y pensar algunas pequeñas tramas que pueden suceder en un espacio así imbuido de poesía me seduce mucho. Me gusta ir por ahí a ver qué aparece, cómo aflora la poesía en esos lugares, pero siempre escribiendo narrativa.
"Una casa sola", nuevo libro de Selva Almada
– ¿Cómo es el trabajo en esa búsqueda poética a la hora de escribir? ¿Le dedicás un tiempo especial a la corrección de los libros para encontrar la palabra justa?
– A mí me encanta corregir, y lo hago a medida que escribo. Si hoy avancé con dos páginas, mañana cuando vuelvo a retomar la escritura, primero leo en voz alta esas dos páginas para corregirlas. Me gusta mucho leer en voz alta, y me parece que es una herramienta fundamental para corregir, porque ahí elijo cuál poner, si una me hace ruido o no me suena bien, entonces busco otra, pensando siempre en una carga poética. No busco sinónimos porque no quiero repetir una palabra que me parece una tontería, sino que veo a la palabra en sí misma, una palabra puede potenciar el resto de un fragmento, o no, o lo puede achatar, y estoy siempre muy pendiente del oído cuando escribo.
– ¿Cómo trabajás en la construcción de los escenarios populares sin caer en los estereotipos o lugares comunes?
– Creo que tiene que ver con la construcción de personajes, y con no perder de vista que cada uno de ellos es muchos personajes a la vez. Aquellos que son planos, que los ves venir y no cambian a lo largo del relato, a mí como lectora, en general, no me resultan atractivos. Es eso, tratar de buscarle un montón de aristas a un mismo personaje. Son ficción, esos universos que yo entiendo que por momentos se acercan mucho a universos muy realistas, y que algunos hemos conocido, no dejan de ser ficciones, y el espinal entrerriano que aparece en la novela es una ficción. Yo vengo de una clase baja, de una clase popular, toda mi vida, sobre todo en mi infancia y mi adolescencia en el pueblo conviví con personas que después tienen algunas características en mis personajes.
– Hablás de realismo, pero también está muy fuerte en tu escritura un universo fantástico.
– Sí, porque también es algo que yo traigo desde la infancia, donde mi realidad de niña entrerriana, pueblerina, estaba todo el tiempo atravesada por lo fantástico. No por aquello que podíamos ver en la tele, sino por las leyendas, por los cuentos de aparecidos, por el curanderismo, convivíamos todo el tiempo con eso, al punto de que formaba parte de nuestra realidad, no era como algo separado. En los universos de estas dos novelas (por “No es un río” y “Una casa sola”), y un poco en “Ladrilleros” también ya empezó a aparecer eso, pero bueno, con más fuerza en No es un río y ahora, en esta novela, esos, esas ánimas, esos seres, comparten su vida con el perro, hay una perra que también es el personaje de la novela en la casa, con la gallina, con la propia casa, con, o sea, no sé, son como parte de la realidad de ese mundo, no es como que están apartados o en otro plano.
Selva Almada dirige el proyecto "Salvaje Federal"
– Hacías referencia a tu infancia y adolescencia, ¿se leía mucho en tu casa?
– Había algunos libros, no teníamos dinero como para comprarlos, pero sí se leía mucha literatura popular. Mi padre siempre estaba leyendo las revistas D’Artagnan, Tony, las de la Editorial Columba, que a mí me encantaban, y también era una época donde estaba bien que los chicos leyeran. Cuando yo empecé a leer y me empezó a gustar la lectura por supuesto me regalaban más libros a mí que por ahí a mis hermanos que no les interesaba tanto. Crecí en un pueblo de 4.000 habitantes, tampoco había librerías en mi pueblo, pero sí había una biblioteca popular, o sea la biblioteca del pueblo, y estaban las de las escuelas. A la que fui yo en la primaria tenía una muy linda donde leí la mayor parte de las cosas hasta que terminé el séptimo grado. Tampoco teníamos mucho más que hacer que leer, porque la televisión era un programa a las 5 de la tarde para niños y después nada más.
– ¿Crees que hay alguna diferencia entre el autor del interior y el de Buenos Aires?
– Supongo que también hay diferencias entre un escritor del noroeste y uno del sur, aunque no escribamos sobre el paisaje, me parece que es el lugar desde dónde escribís, aunque yo hace 25 años que vivo en Buenos Aires, siempre sigo volviendo a mi pueblo a la hora de escribir. Creo que sí puede darse en una literatura urbana, por ejemplo Mariano Quirós tiene algunos libros más urbanos, desde Resistencia, pero con una mirada absolutamente distinta a la que puede tener un escritor de Buenos Aires. Me parece que eso es como inevitable, porque dónde creciste también te da una mirada particular.
– De todos modos, es para celebrar esa federalización de la literatura.
– Obviamente, imagínate que yo tengo el proyecto “Salvaje Federal” (librería virtual y propuesta de difusión fundado en 2020 por Almada junto a Raquel Tejerina y Natalia Peroni, para dar visibilidad a la literatura editada en todo el país) donde la mayor parte del catálogo son escritores y editoriales de las provincias, así que siempre estoy insistiendo en federalizar la literatura argentina hacia adentro también. Porque puedo entender que hacia afuera piensan que la literatura argentina es solamente Buenos Aires, pero hacia adentro me impresiona bastante que en las universidades o los suplementos literarios, cuando hablamos de literatura argentina siempre estamos pensando en la rioplatense, eso me parece tremendo.