Menú

100 años del rodaje de “Metrópolis”

Compartir

Alex Leibovich, para Clarín

Cómo fue el proceso de la recuperación de la película, que se hizo en nuestro país y se reestrenó en el Festival de Berlín

El aspecto del futuro fue imaginado muchas veces, pero uno es ineludible: una megalópolis de edificios que se confunden con el cielo, y que se conectan entre sí mediante puentes, autopistas y aeronaves. Aquel futuro se halla en la película Metrópolis de Fritz Lang, una obra fundamental de la ciencia ficción y de la historia del cine, y parcialmente perdida hasta el 2008, cuando el investigador, historiador, programador y coleccionista Fernando Martín Peña encontró casi la totalidad del metraje completo.

Fritz Lang y su esposa, la escritora y también directora Thea von Harbou, realizaron un viaje a Nueva York en 1924 con el fin de promocionar su última película, Los nibelungos. Como narra Peña en su libro Metrópolis, un problema con la visa los dejó varados en el buque, desde donde contemplaron cautivados una ciudad del futuro. Esa visión se sumó al guion que ya habrían estado desarrollando, basado en una idea que, según se sospecha, era principalmente de von Harbou.

En ella, una urbe materializaba la lucha de clases, con una élite en lo alto, precedida por Joh Fredersen, y una masa trabajadora explotada en las profundidades, cuya guía espiritual comienza a ser una mujer llamada María. El hijo del mandatario es cautivado por ella, y al internarse en las profundidades en su búsqueda comienza una historia atravesada por la desigualdad social, la alienación y cierto precedente cyberpunk.

“No es exactamente una película de ciencia ficción, pero sí es una fábula, que como toda fábula reduce a una serie de conceptos generales problemas que son eternos, como la explotación del hombre por el hombre. Son problemas que no tienen fecha de caducidad. Siempre hay gente que es explotada por otros”, sostiene Peña en diálogo con Clarín.

A principios de este año se viralizaron clips de la película por redes sociales y medios de comunicación, y como si de un efecto Mandela se tratase, muchos de ellos apuntaron que la trama sucedía en el 2026. Existen razones para argumentar el error: en una edición estadounidense de Ace Books de la novela, editada en 1963, figuró la leyenda “El mundo de 2026 D.C.”, lo que podría explicar la difusión de este año, que popularizó también el músico Giorgio Moroder en su versión de 1984. Pero la película no precisa ni la época ni el lugar de su acción.

La película es parte fundamental de la historia del cine

La construcción de un futuro

Fuera o no el 2026 el año de los hechos narrados en Metrópolis, el rodaje transcurrió hace ya un siglo, entre mayo de 1925 y octubre de 1926. Fue una superproducción de más de cinco millones de marcos (equivalente a una cifra exorbitante de un millón de dólares de esos años), con más de 37.000 extras. El enorme costo se solventó con la asociación de su productora alemana, UFA, con MGM y Paramount, lo que más tarde selló su destino.

En el proceso, Lang contrató a arquitectos, fotógrafos y técnicos que combinaron de manera sublime distintas técnicas pioneras. Como aclara Peña, no es una película puramente expresionista, a pesar del rótulo tantas veces adjudicado, y eso se explica en la confluencia de distintas artes. “Era un equipo liderado por él, que fue a buscar en todas las vanguardias expresivas de esos años: en la pintura, en la arquitectura, en el diseño de objetos”, explica.

Lo visionario del filme radica en la diagramación de la ciudad plasmada por tres arquitectos (Hunte, Kettelhut y Vollbrecht) a partir de las ideas de Lang; en el desplazamiento libre de la cámara de Karl Freund, que mediante distintos dispositivos mecánicos la dotó de un dinamismo inédito para la época; en el innovador sistema diseñado por Eugen Schüfftan, que implicó la combinación de decorados reales con maquetas y pinturas, utilizando espejos para crear la ilusión de que los actores interactúan con la ciudad; o en los efectos de Günther Rittau, que fueron claves en la secuencia de la transformación del ser-máquina.

Sin embargo, el resultado, estrenado mundialmente el 10 de enero de 1927 en el UFA-Palast am Zoo de Berlín, no contentó del todo al director. Y las ataduras con la MGM y Paramount los dotó del poder de ejercer cualquier tipo de recorte sobre el material. Los estudios creían que “el filme era muy largo y complicado” para la audiencia, y así comenzó un terrible camino de mutilaciones que llevaron la duración original de unos aproximados 151 minutos a la de 115 minutos y, más tarde, a solo 91. Excepto en un solo país.

 

Lee el artículo completo aquí.