“Lo que disfruto de mis vacaciones tiene que ver con lo que disfrutaba de niño”
Luis Schlossberg
Martín Kohan presenta “El tiempo más feliz”, su primer libro para niños
“El tiempo más feliz” es el primer libro de Martín Kohan dedicado a los más pequeños, pero siempre manteniendo la genial pluma de la que nos tiene acostumbrados. En encuentro con Casa Tomada, Kohan se refirió al desafío que le significó el proyecto y el recuerdo de los veranos en su niñez.
Los diálogos con Martín siempre toman destinos poco predecibles. Sea en una entrevista, una charla o simplemente para compartir una cena, la pregunta que surge como disparadora de la conversación puede llevar a cualquier lado. Y así ocurrió una vez más en este último contacto con motivo del nuevo libro del escritor, el primero que hace para niños. Ante el dato de que en “Ciencias Morales”, leído recientemente por el autor de este artículo, se hace mención a Río Cuarto y su terminal, nacieron un par de comentarios muy particulares.
“Ciencias Morales ya tiene sus años y la verdad que no recordaba eso, pero acabo de terminar una novela que si todo sale bien se publicará el año que viene, que tiene tres partes. La primera es un viaje desde Buenos Aires a La Paz, en Traslasierra, por la ruta 8, y tiene un mini capítulo en el que pasan la noche en Río Cuarto, una especie de retrato de una ciudad fantasma a las dos de la mañana. Ya es una nueva aparición de la ciudad”, comentó el autor, mientras que adelantó lo que será su próxima novela.
Y agregó: “En esta nueva novela hay mucho Córdoba, pasa que también Río Cuarto para mí tiene mucha significación porque cuando era chico fui muchas veces por la ruta 8 que pasaba por allí, y viajábamos por la empresa Colta, que recuerdo nos hacía parar a comer en Río Cuarto, donde sistemáticamente compraba la revista ‘Esto es Boca’, que no compraba durante el año. Tenía un ritual de comprarla en cada viaje”.
"El tiempo más feliz", nuevo libro de Martín Kohan
– De todas formas, el libro que estás presentando ahora, “El tiempo más feliz” (con la editorial “Siglo XXI”), también tiene mucho que ver con Córdoba.
– Todo. Cuando Laura Leibiker, la editora del área de literatura infantil de “Siglo XXI”, me contó la idea del libro, le dije que no podía hacerlo, porque nunca lo había practicado ni era lector frecuente del género, más allá de lo que pudiera haber leído solo o con mis hijos. Pero una cosa es leer y otra escribir. El libro, como salió, tenía mucho que ver con mi infancia y con Córdoba.
– Hablás de aquél como “el tiempo más feliz, imagino que te ha quedado un buen recuerdo de esa época.
– Sí, más allá de la proporción de idealización que uno pueda poner. Creo que incluso en las desdichas de la infancia y las molestias en la infancia, situaciones adversas que en la escala infantil no son pequeños problemas. Lo que puede llegar a abrumar por una determinada situación. Aún asumiendo esto, hay grados de la plenitud que me parece que tienen que ver con esa edad, y uno sigue disfrutando de la felicidad de las vacaciones de la infancia. Cuando vacaciono ahora en Traslasierra, todo lo que disfruto es porque se parece a lo que vivía cuando era chico. Todo se parece menos yo, que ya no soy el mismo o no tengo lo que tenía. Hay algo que tiene que ver con la disponiblidad del tiempo de la infancia. Lo de “el tiempo más feliz” tiene que ver con esa etapa, pero también con la sensación de tiempo disponible que creo que no se puede disponer del mismo modo de adulto. Hay algo en la escala de las vivencias que cuando uno es chico tiene un tiempo absoluto, largo, en las vacaciones y en cada día, en cada tarde. Una plenitud que me parece que no está hecha de sobre estímulos como en las infancias contemporáneas, de satisfacción continua, sino que tiene tiempos muertos, de horas sin nada que hacer.
– Retomando un poco conceptos de otro de tus libros, “¿Hola?”, ¿cuánto afecta el uso del celular en este caso, ante la ausencia de la posibilidad de aburrirnos?
– Mirá, te cuento algo. Mi pasión sobre la infancia fue fundamental para la escritura del libro. Una de las partes de la felicidad que supuso el nacimiento de mi hijo fue la posibilidad de volver a participar de escenas de infancia, no volvía yo, pero desde los juegos, los juguetes, las películas, a través de él volvía a mi vida esa infancia. Influyó también el modo en el que Walter Benjamin retrata su propia infancia, y hay algo en su artículo “El narrador”, donde habla sobre el aburrimiento, y hace un elogio sobre este con las condiciones de poder inventar, ser creativo. En ese artículo de casi 90 años, él ya detectó algo que no dejó de avanzar para mal que es la intolerancia al aburrimiento, que con la infancia tuvo un nivel de encarnizamiento fuerte. Los padres no soportamos a nuestros hijos ni dos minutos aburridos, los ponemos a hacer algo inmediatamente. Se ponen fastidiosos, pero si se deja correr eso seguro inventan algo, se ponen a hacer algo. Si en cambio se tapa eso, se lo reprime, se le enchufa algo que antes puede ser la tele o el celular ahora, no sucede.
En esta línea, Kohan sostiene que “cuando escribo en el libro, pienso en las tardes de verano, cuando los grandes estaban durmiendo y teníamos tiempo disponible, con una plenitud que remito a la felicidad, incluso en la parte que no sabía qué hacer, hasta que lo descubría”, y agrega: “Las largas tardes de verano tienen que ver con ese tipo de felicidad. Ahora, con el sobreestimulo que instigamos los adultos, ese margen de creatividad está siendo mutilado”.
En su nuevo libro, Martín recuerda sus viajes en la infancia
– Como amante del lenguaje, ¿encontraste la necesidad de cambiar el modo de expresarte en este proyecto?
– Esa cuestión fue crucial, me puso en una situación concreta: ¿qué hacemos con el lenguaje? Después están los recuerdos o las fantasías, pero eso se concretiza en palabras. Tuve que pensar en cómo vincular mi relación con el lenguaje, que no es de achatarlo, con la sintaxis, que no es de simplificarla, y al mismo tiempo sabiendo que no escribo para el mismo lector de mis otros libros. Resolver este dilema sin claudicar, porque muchas veces las personas le hablan a los chicos como si fueran tontos, lo bueno es no contar con esas palabras, les hablan mal. Abandonar un registro de adultos, sin caer en la sobre estimación de lenguajes chatos, o relato lineal porque son chicos. Incluso conociendo la literatura infantil existente, porque hay mucha gente que se dedica a eso y lo hace muy bien, Graciela Montes o María Elena Walsh, que al día de hoy tienen vigencia, o más acá en el tiempo con Luis Pescetti o tantos otros, se puede hablar de un buen nivel de construcción literaria, con una buena sintaxis y que no implique aplanar todo porque está definido para chicos.
– El libro cuenta con ilustraciones de Leandro Pérez, ¿cómo fue tu vinculación con él en el proceso?
– Estuvimos en contacto con él por correo electrónico y algunas charlas por Zoom, pero no nos hemos conocido en personas, estoy expectante de tener con el ese encuentro. Cuando me ha tocado hablar con traductores que trabajan con mis textos para otras lenguas, o con directores que dirigen adaptaciones para el cine, o en este caso que se interpreta con dibujos, no tengo ninguna pretensión de tener un lugar de autoridad al que el otro creador se debe subordinar, es una instancia tan creativa como la mía.
– ¿Se inspiró en fotos de tu infancia?
– No, y de hecho en las ilustraciones se ve un niño que se parece a mi ahora. Tiene el pelo como lo tengo ahora, no como cuando era chico. Tampoco usaba anteojos, empecé a usarlos a los 23 años. Entonces, el niño es una especie de miniaturización mía actual. Me reconozco pero no soy yo, es algo que creo muy acertado del dibujante
– De todos modos, es un personaje, no sos vos.
– Exactamente, no importan los materiales biográficos que se pueden haber usado, está ahí porque uno lo construyó como personaje, y el narrador se construye.
Hoy se realiza la presentación oficial del libro de Kohan, y se espera su presencia en la Feria del Libro de Buenos Aires, en tanto ya se puede comprar por los portales virtuales. La aventura de un Martincito en los pueblos de Córdoba mientras los grandes dormían la siesta, con “un descubrimiento que lo marcó para siempre y jamás olvidó”, dicen desde la promoción del libro, que dice ser para niños, pero también queremos leer los grandes.